blog de Eduardo Persico

Imagen de Eduardo Persico

Un divino mediodía

Bajo un sol habitual en febrero, la inspectora de tránsito cumplia su tarea en la esquina más centrica de Buenos Aires.

Vestida con una blusa blanca sin mangas y una ceñida falda azul, subiendo y bajando de la calle la mujer ordenaba el paso de autos y personas, y cuando un muchacho se le acercó para hablarle al oído se apartó extrañada.

Al repetirse el turno de circular autos él repitió el abordaje mirándola de frente y ella desviaría la vista por el descaro.

Al rato y al tiempo de un cruce de personas, el muchacho joven, de camisa abierta y pantalón ajustado que lucía su piel tostada, volvió a hablarle.

Algo imprevisto le diría para que la mujer negara moviendo su mano derecha y le respondiera algo con una sonrisa leve.

Imagen de Eduardo Persico

La mayor crisis es acertarle un nombre

En 1929 al calificarse a la más duradera y conocida crisis sistémica de la economía, muchos al principio la estimaron como Recesión, un término algo más benigno y que no descalificara tanto al capitalismo.

Pero ya existía en la economía una palabra más enérgica para explicar aquello similar a cuanto sucede en estos días de octubre del 2008: la Depresión, algo más hondo y duradero que suele darse frontalmente en el frenazo de la actividad, el debilitamiento de la demanda, la disminución del comercio internacional y la crecida de la desocupación, traducida más en la caída del poder adquisitivo de las clases más bajas.

La Depresión, con mayúscula, es más duradera, dolorosa y contraria al progreso generalizado, bien delineada por esta instalada en estos días pese a los aullidos contrarios de sus responsables, los banqueros y sus propagandistas en las últimas décadas del neoliberalismo económico responsables del marasmo actual y que sobreviven desparramados por el mundo.

Y en el caso puntual de América Latina, hablamos de un conjunto de temerarios personajes publicistas de las bondades del mercado, infalible hacedor que según ellos soluciona todo.

Y por consiguiente, a ellos mismos los convierte en falsos teóricos enfrentados a todo tipo de control oficial sobre los hechos económicos, pero menos a la nacionalización de bancos y entidades financieras emprendidas por el Poder en Estados Unidos por mandato de la Reserva Federal; ¿y salvar sus propios dólares?

Imagen de Eduardo Persico

Aquel miedo procaz, y de pronto....

El relator repasó su columna del día anterior y la creyó insalvable. Pese a forzar cierta épica borgeana del coraje en una pelea entre dos fugaces guapos al salir de un baile de barrio, ni la recordación de aquella chiquilina imbatible para el olvido, el cielo desecho en constelaciones sobre el parque deliberadamente oscuro, cuando quizá protegiendo la noche, les llegara algún íntimo tango y cierta magia para juntar los cuerpos en un momento irrepetible.

Esto es copiarse a uno mismo, pensó al sonar su teléfono.

- Hola.

- Ayer recordaste algo muy lindo pero ni me nombraste.

- ¿Quién habla?

- Fernanda, la misma que esa noche casi pierde su blusa en el Parque Rivadavia..

Imagen de Eduardo Persico

El verso financiero neoliberal y la prosaica realidad

Hace menos de un año, cuando abandonara Alan Greenspan la Reserva Federal en Estados Unidos y el presidente de Goldman Sachs, por entonces la más renombrada financiera, fuera designado Secretario del Tesoro norteamericano, la conmoción encendió luces en el sistema.

No fue una estampida pero de inmediato y ante la crisis inevitable, la tasa de descuento de la Reserva Federal fue elevada al 5% y hubo un notorio aumento en el precio del combustible, algo que entonces sí empezó a inquietar verdaderamente al norteamericano medio.

Por más que nadie aceptara esto con facilidad, la palabra recesión se balbuceaba pese a que una opinión domesticada y tozuda como la del Imperio no se animaba a pronunciar y menos a escribir.

Pero las cifras posteriores fueron mostrando el destape de otra gigantesca patraña financiera ideada para sostener los niveles de ocupación en USA: el otorgamiento de hipotecas incobrables.

Entonces la realidad se hizo palpable por mucho que se fuera demorando gracias a que todos los bancos de inversión del entramado financiero del capitalismo fueron cómplices de la maniobra. Esta calamidad existe, puede prolongarse y extenderse pese los esfuerzos oratorios de todo el elenco gobernante en Estados Unidos, prometiendo antes de terminar setiembre del año 2008 un ‘tren de medidas financieras’ que en principio asoman como inaplicables.

Imagen de Eduardo Persico

Imaginaciones sobre la Santa Celestina

Al fin nadie contaría con certeza cómo el Convento de la Santa Celestina se pulverizó en un santiamén.

En verdad, quienes oraban aquel domingo en la misa por la patrona del lugar ni percibieron el estallido; de pronto el fuego abrasó la capilla y afuera, los autos en la playa de estacionamiento se incendiaron íntegramente como si aquello hubiera sido dinamitado.

Pero eso sí, los ajenos al pueblo creyeron muy llamativa la cantidad de vehículos nuevos y costosos, unos cuatrocientos en una población que cinco años atrás fuera la más pobre de la región. Y también se supone que ese mismo día al señor Jiménez, - responsable político de la villa Celestina y cuñado del gobernador de la provincia- lo apremiaron a volverse de Buenos Aires para recibir en su casa a una persona de confianza.

- Mucho gusto, Martino. Mi amigo el gobernador me pidió visitarlo.
- Sí, Ricardo es esposo de mi hermana y me avisó.

Acaso ese fuera el inicio y en el auto de Martino se quedarían unos hombres oyendo el fútbol. Ya en la casa ambos desecharían que alguien viera caer sobre el convento a un bombardero B52 cargado con bombas explosivas.

Imagen de Eduardo Persico

Mi tango es en voz baja

Cuando se nos viene sigiloso y casi nos sugiere un silbido, el tango huye de cantoras y recitadores clamorosos para hablarnos palabras que sólo uno sabe. Así que a contraluz de cualquier pensamiento se adueña de nosotros y de cuánto no pudimos ser; esas cuestiones.

Siempre el tango retorna por esos recovecos del frío fabriquero y ojos de alguna piba que nunca lo supiera; más el amigo fusilado en agosto como una lluvia sobre mi traje nuevo.

No tan sólo por eso mi tango es en voz baja. Yo lo siento conmigo a solas y de a uno también si afina su rasguido de viola misteriosa, entrañable y compadre, y evoca los sueños demolidos contra algún paredón congelado y oscuro. Y es que aquel otro tango, del sueño adolescente y goles perdidos sobre la hora, se obliga a dar un paso de costado, digamos versallesco, y los olvidos olvidados nos vuelvan de rebrote hacia tanta arboladura de esperanza que tuvimos. Anterior al desaliento y la feroz derrota.

Es que el tango, taimado, no nos deja sin herirnos un resquicio. Él se adueña del cuerpo aniquilable y de una sola sombra en el difuso velamen de las sábanas. De nuestro pobre cuerpo que llevamos de arrastre huyendo de un reloj de insaciable desgarro.

Eso lo sabe el tango. Y es entonces que torna cigarrillo de larga ceniza meditada, una copa de vino solitario balbuceando algún nombre y ojos en el vacío. Apenas y por eso no jay que gritar el tango, es en voz baja y que nadie sepa cuánto nos ilusionamos o quisimos. Es un chamuyo visceral y mío que vuelve cada tanto.

Imagen de Eduardo Persico

Ellos, los diferentes

Puede tener cierto sabor a gloria sentirse diferente. Con la certeza de saberse distinto cada día cualquiera ha de amanecer victorioso y entero. Sin apremios en decir ‘soy de otra clase’ ni presumir de lo bueno ‘que existan diferencias’, la expresión de esa gente no es la nuestra.

Acaso por pisar un escalón más alto; eso suelen callarlo pero sentir lo sienten; demuestran ser distintos. Y no vale despreciar, ellos tienen su estilo.

Sin pensar en azarosos engendros de galaxias lejanas o exóticos venidos de ultratumba, hay un gentío natural y común, -esta no es la palabra- que habita en otro barrio más seguro y lujoso que nos mira sin vernos. O más bien, ni nos mira. Aunque nos advierta alguien que entiende asuntos de la ciencia que ellos, los diferentes, son iguales en todo y no hay genética que analice riquezas, por ejemplo.

Por decirlo de un modo, esos tipos son similares al Papa, al Rabino Supremo y al mismísimo Rey del Oro en barras. Son iguales a la gente que si no come ha de morirse de hambre y si asumen perpetuarse en la especie, también deben aparearse de la manera más a mano y divertida para engendrar un hijo.

Ellos, los diferentes, son iguales a todos porque al fin como todos son esclavos del hambre. Y no del deseo social de comer algo cuando decae la tarde, sino del hambre de verdad, profundo y serio.

Imagen de Eduardo Persico

Sombra que llama una vez


Cuento de Eduardo Pérsico

El sol extendido a sus anchas en la mañana se iría apagando en nubarrones. Caprichos de Buenos Aires, si al rato la lluvia tenaz y repetida encubría los perfiles de la calle y desde una cama en la clínica médica, un hombre inconsciente acaso presintiera ese cuadro borroneado de insólita tormenta.

Llueve detrás de la ventana. Sus proyectiles húmedos atraviesan la luz tenue y a golpes restallante. Imbatible, la lluvia no anda a ciegas y conoce sabiamente los vacíos que nos cruzan el alma. No hay lluvia que no acierte cuando rompe su cristal cantarino en el insomnio de la madrugada.

Y en ese instante exacto, quizá el hombre inmóvil y lejano aún imaginara algún diseño extraño en el vidrio empañado.

Acaso por algo tan inexplicable como la misma vida, aquel pastor de una congregación mística, desahuciado y ausente sobre una cama hace horas, sienta caer esas balas de agua en el centro de sus ayeres.

La bienhechora lluvia alumbrando su tiempo adolescente; pájaros rompiendo el aire inmóvil y celeste de un verano, muy lejos, aún la voz perdida de su madre y los ojos de aquella muchacha sin memoria que jamás olvidara. Reflujos de una estación con dioses todavía flamantes y él pronto desecharía; ‘no estos monarcas desgastados con barbas de trapo y obedientes al mandato de juntar posesiones.

Imagen de Eduardo Persico

Argentina: Violento derechazo al mentón, pero sigue la pelea

Quizá el análisis del rechazo en el Senado del importante proyecto envíado por el Poder Ejecutivo por aumentar las retenciones a la exportación de ciertos granos, pareciera prematuro, pero los datos para la opinión se fueron acumulando durante los ciento cincuenta días del conflicto.

Del 11 de marzo del 2008 fecha en la cual por una disposición difundida como ‘la 125’, las retenciones subieron del 35% del valor de los embarques al 44%, además la imposición sería móvil y subiría según el precio internacional de los granos en cuestión, así que la reacción contraria en el ambiente ruralista fue inmediata.

Un despliegue de poderío organizativo y mediático que aunque resultara sospechoso de otras ambiciones, determinó que luego de tres meses verse apremiado por cortes de ruta, parciales desabastecimientos y otras movidas desestabilizadoras de la República, el Ejecutivo encabezado por Cristina Kirchner dispuso elevar el asunto al Congreso Nacional para su tratamiento.

Eso y a pesar de los atributos constitucionales y jurídicos que lo habilitaban a subir las retenciones, fue una aceptación haber equivocado el camino político a seguir y al menos, que actuara como si desconociera cuál era el enemigo a enfrentar.

Imagen de Eduardo Persico

Trivial Mascarada de medios, mediàticos y mediocres

Al inicio del conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y cuatro entidades del agro, un grupo de interés económico que prontamente concentrara a toda la oposición desplegó una inusitada solidaridad de los medios de información con ‘la gente del campo’.

Esa adhesión a uno de los grupos en pugna, nombrado como ‘el campo’ y a impulsos ‘la gente’, dinamizó una falta de objetividad entre los fabricantes de opinión de mayor alcance popular que hizo de cada radio y televisora una parte decisiva de la cuestión.

Esa falta de rigor y al ir creciendo la participación de cada corporación informativa fue mostrando su entretela, ocultando y falseando los argumentos del gobierno para aumentar las retenciones a la exportación de algunos productos agropecuarios.

Que la medida por inconsulta y falta de tiempo y distancia fuera políticamente calamitosa, es indudable, pero eso no deslegitima el derecho jurídico del gobierno constitucional de tomar la resolución de gravar las ganancias extraordinarias que producirán los aumentos de precios internacionales de los alimentos, y mucho menos aplaudir las réplicas delictivas de la Sociedad Rural, Coninagro y la Federación Agraria al quemar tierras, cortar rutas y provocar desabastecimientos a la población.

Distribuir contenido