
La oligarquía ya fue revocada


Los revolucionarios no tienen que probar que son más democráticos que los “demócratas” tradicionales
La izquierda no debiera sumarse a la crítica de la izquierda, para eso está la derecha, sobre todo su ala más extremista encabezada por las oligarquías e imperio. No obstante, ello no debe ser obstáculo para reflexionar sobre asuntos que contribuyen a elaborar colectivamente la táctica y la estrategia.
Cuando de un modo, en cierto sentido fortuito, la ofensiva neoliberal entroncó con la crisis del socialismo real, se creó una coyuntura que resultó fatal para el Tercer Mundo, que fue donde más impacto tuvieron aquellas ilustradas tonterías acerca del fin de la historia y de las ideologías. Recuerdo que entonces escribí que implantar el pluripartidismo en Africa era lo mismo que imponer la organización tribal a los suecos.
Cuba resistió y Vietnam y China iniciaron un despegue impresionante y una década después las aguas empezaron a tomar su nivel. En América Latina, las masas, conducidas por una hornada de nuevos lideres populares, comenzaron a pasarle la cuenta a neoliberales y demagogos. De entre la vanguardia se destacó Hugo Chávez que, entusiasmado por el apoyo de masas con que siempre ha contado, le tomó el gusto a las elecciones, usándolas una y otra vez como mecanismo legitimador.
Al efectuar una decena de procesos electorales en una década, incluyendo un referéndum revocatorio, uno para aprobar la Constitución y otro para reformarla, las consultas electorales, que desde siempre fueron actos formales, se convirtieron en una especie de mecanismo de propaganda destinado a probar que la revolución es más democrática que la democracia tradicional, cosa que todo el mundo sabe, excepto aquellos a los que les conviene ignorarlo.
En los países subdesarrollados donde existe déficit endémico de democracia, la prioridad de las masas agobiadas por la pobreza, el desamparo, la insalubridad y el analfabetismo y cansadas de la demagogia y la politiquería practicada por camarillas corruptas, lo importante para la gente no son los discursos sobre democracia de los que están saturados.
Quizás por esas razones, la tarea de la izquierda y de los líderes populares, no es subir el listón ni aventajar a los liberales probando ser más demócratas que ellos. Las masas que han dado reiteradamente su voto a Chávez, eligieron a Morales y confiaron en Correa, seguramente no esperan que ellos levanten nuevos paradigmas democráticos sino que avancen en la solución de los problemas reales. Democracia hay la suficiente y pobreza demasiada. Lo que falta a los pueblos es trabajo, pan, salud, educación, en fin bienestar y nada de eso se consigue con votos ni se logra mediante un referéndum tras otro.
Por otra parte, la oligarquía aliada al imperio, dotada de cuantiosos recursos, asesorada por expertos en desinformación y publicidad, sin escrúpulos y con una experiencia de siglos en el ejercicio de la demagogia y con suficiente capacidad de manipulación, puede aceptar las apuestas electorales, sobre todo aquellas en las que apenas arriesga nada, mientras los revolucionarios ponen mucho en juego.
La mala fe en la maniobra en marcha contra Evo Morales al aprobar su propuesta de meses atrás de realizar un referéndum revocatorio, una fórmula por demás insólita y de la que no se debiera abusar, es totalmente visible. Encaramada en la cresta del éxito obtenido en la ilegal consulta separatista efectuada en Santa Cruz, la oligarquía se cree con fuerzas para derrotar a Morales.
En América Latina, la dinámica de los procesos políticos es tal que es precioso maniobrar cada día y la opción que pudo ser legitima atinada en un momento, semanas después es inviable o inconveniente. No se trata de inconsecuencias, sino de capacidad para hacer lo que en cada momento corresponde.
En realidad Evo Morales no tiene nada que probarle a la oligarquía reaccionaria y separatista ni por qué desgastarse en una arriesgada maniobra que ofrece todas las oportunidades a sus adversarios.
Para ser revolucionario hace falta creer en los pueblos, sin ignorar que incluso los más maduros son susceptibles de ser confundidos y tentados. En Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina, Nicaragua y otros lugares, las masas revocaron a la oligarquía…con una vez, basta.
Jorge Gómez Barata















































































