Desafío de fondo en Bolivia

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El próximo 10 de agosto se decidirá en las urnas el destino de Bolivia, la amada nación de Simón Bolívar, que le dio su apellido. Ese día, se juega no sólo la continuidad de la política de cambios del presidente Evo Morales, sino también, en buena medida, el proceso integracionista de América Latina.

La batalla política en Bolivia, que con altas y bajas comenzó con la instalación hace dos años del indígena cocalero Evo Morales como presidente del país andino, parece llegar ahora a un punto en el que ya no hay mas posibilidades del pretendido diálogo gubernamental con la oposición de derecha.

El próximo 10 de agosto se decidirá en las urnas la continuidad de un programa de desarrollo económico, político y social, de beneficio para las grandes masas, o el retorno al poder de la oligarquía derechista, blanca y xenófoba que se adueño de las grandes riquezas nacionales pertenecientes a los pueblos originarios desde hace siglos.

En un plan dirigido por la embajada de Estados Unidos, desenmascarado en varias oportunidades por el gobierno de La Paz, en las últimas semanas la situación interna de Bolivia se agudizó siguiendo una escalada (tal como ocurrió en Chile durante el mandato de Salvador Allende), a pesar de los llamados presidenciales al diálogo, siempre desoído por la oposición, cuya aparente punta de lanza fue el referendo para la separación del económicamente rico departamento de Santa Cruz.

Ese fue el balón de ensayo lanzado por la Casa Blanca, pues de lo que ocurriera en Santa Cruz dependería la toma de decisiones para tratar de ahogar la política dirigida por Morales y su vice Alvaro García, acabar con el gobierno, ponerle punto final a un gobierno popular y de izquierda bajo la batuta del Movimiento al Socialismo (MAS) y emprender lo que ya puede considerarse la valcanización de América Latina y su creciente plan integracionista liderado por el mandatario venezolano Hugo Chávez.

En teoría, de lo que se trata es, según la línea de pensamiento imperial y sus comparsas latinoamericanas, de desmembrar el continente, a partir de la experiencia que se tenga en el territorio boliviano, para con ello impedir, entre otros asuntos que se les escapan de las manos, la creación de la Unión Militar Sudamericana, prevista para septiembre próximo.

EVO MORALES SE ESTÁ JUGANDO TODAS LAS CARTAS

La celebración de este referendo la había propuesto al Congreso Nacional hace varios meses en otro momento de crisis nacional, y fue aprobada por la Cámara de Diputados. Pero se quedó congelada en el Senado, en manos de la oposición, evidentemente en espera de los resultados de las consultas populares separatistas en Santa Cruz, el pasado 4 de mayo, y los previstas en Beni, Tarija y Pando.

Pero aunque sería muy absoluto decir que el gobierno ganó en el referendo separatista, el hecho de que un 50% de la población de ese departamento estuviera en contra o se abstuviera en las urnas, significa que tampoco la oligarquía santacruceña salió airosa.

De ahí que el Senado de derecha, de manera rápida, en una reunión sorpresiva y sumarísima aprobara, sin cambiarle una coma para evitar que volviera a la Cámara de Diputados, la solicitud del Mandatario de poner su mandato en las urnas, y que sea el pueblo que decida si continúan el, su vice, y los nueve prefectos departamentales en sus respectivos cargos.

Como era de esperar, en un hombre como Morales, de humilde extracción, que ha hecho lo posible y lo imposible por su pueblo, apegado a la decencia de sus antepasados, confirmó que: "Si los políticos no podemos acordar fácilmente, que mejor que el pueblo decida el destino del país, el destino del presidente, del vicepresidente y de los prefectos".

"Este referéndum que propusimos el año pasado, precisó, está orientado a que en Bolivia se profundice la democracia, a definir en las urnas y no con violencia", remarcó el presidente y se manifestó "contento" porque el Senado "al fin" aprobó la Ley de Referéndum Revocatorio de Mandato Popular.

La consulta tiene dos preguntas. Una para todo el país: "¿Usted está de acuerdo con la continuidad del proceso de cambio liderizado por el Presidente Evo Morales Ayma y el Vicepresidente Álvaro García Linera?" y una segunda, para el prefecto del departamento: "¿Usted está de acuerdo con la continuidad de las políticas, las acciones y la gestión del Prefecto del Departamento?".

EL VOTO SI…

Para mantenerse al frente del Ejecutivo, el voto SI debe alcanzar "un porcentaje superior a cincuenta y tres, setecientos cuarenta por ciento (53,740%) y una votación superior a 1.544.374 votos", dice textualmente la ley. O sea, que el rechazo tendría que acumular mas votos que los que le permitieron al Presidente y su vice alcanzar el Gobierno en diciembre del 2005.

Este lunes 12, el Mandatario firmó la Ley que aprueba la consulta popular, prevista para principios de agosto, o sea, con solo dos meses de por medio para unir las voluntades de los movimientos indigenistas, de izquierda, sindicales, y otras ramas políticas y sociales a favor de su permanencia.

Sin duda, los referendos separatistas en los tres departamentos cuyos líderes políticos responden a la embajada norteamericana, influirán en el de agosto, pues pocos esperaban que el resultado de Santa Cruz resultara desfavorecedor para el derechista prefecto del Departamento, el de mayores yacimientos de gas natural del país.

Algunos expertos incluso coinciden en que la derecha tiene tanta confianza en que quebrará al gobierno popular, que valora la posibilidad de suspender los referendos separatistas departamentales, pues sus fuerzas deben estar en función de quitar de un plumazo a Morales de la presidencia.

También el Ejecutivo boliviano y las fuerzas de izquierda, si quieren ganar, tendrán que esforzarse al máximo para lograr la unidad nacional, quebrantada por 500 años de esclavitud indígena, los continuos golpes de la oligarquía, la contrarrevolución mediática, el dinero de Washington en manos de partidos opositores.

Son dos fuerzas antagónicas las que se enfrentan y la victoria del gobierno dependerá en gran medida de mantener nucleados en su entorno no sólo a los poderosos movimientos de pueblos indígenas y originarios y los sociales, sino también a la clase media, los sectores intelectuales, los trabajadores de las fuertes industrias y todos aquellos que de una u otra manera han resultado ya beneficiados con las medidas de gran beneficio económico y social puestas en práctica por el Gobierno.

Por otra parte, la política norteamericana en aras de romper la poderosa cadena integracionista de América Latina y el Caribe se basa en la teoría, tan antigua como el ser humano, de divide y vencerás.

En ese sentido, no ocultan sus planes de quebrantar la unidad latinoamericana con la orquestación de movimientos segregacionistas en Ecuador, donde ya hay ciertos alentadores del desmembramiento de Guayaquil, la capital, o del eventual desglose del departamento venezolano de Zulia.

Bolivia es, a todas luces, el punto mas débil, en opinión del Departamento de Estado norteamericano, de este haz integracionista que se ha formado en América Latina y El Caribe, el cual se expresa en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), la Unión Sudamericana de Naciones, el Pacto Andino, el Mercado Común del Sur, cuyo común denominador es la colaboración entre los pueblos, ya con resultados concretos y con perspectivas de continuar su crecimiento en temas tan trascendentales como la unión energética, la militar, la educativa y la sanitaria.

EN BOLIVIA…

Es por eso que en agosto en Bolivia no solo se estará jugando el futuro de una nación siempre gobernada por blancos ricos y poderosos, con una tradición histórica de golpes militares, pero que en los últimos años ha demostrado la posibilidad de llevar al Palacio de Quemado un gobierno de corte popular e izquierdista.

Los ojos del mundo están puestos en la pequeña y empobrecida nación andina, que posee enormes riquezas naturales en manos de trasnacionales y unas cuantas familias, pues hay que estar conscientes de que un revés allí puede significar un atraso de décadas para la izquierda liderada por Morales, un hombre que aunque está propuesto para el Premio Nobel de la Paz, tiene mucho que hacer para evitar una guerra civil interna.

El mundo mira a Bolivia con la esperanza de que el gobierno de Morales actúe con fuerza, voluntad y sabiduría, la misma que le permitió ganar la presidencia a un indígena aymara con un 53,7% de los votos para alcanzar los porcentajes necesario el 10 de agosto, porque de lo que ocurra ese día pueden derivarse aún peores consecuencias, incluso la de una previsible confortación bélica entre los verdaderos dueños del país y los que se apoderaron de él por la fuerza de las armas y el dinero.

De ganar Evo, el movimiento separatista se debilitaría a nivel continental, aún cuando ya los mandatarios de Venezuela y Ecuador, Rafael Correa, han advertido que de separación y desmembramiento de sus países ni pensar, ni siquiera soñarlo, en clara advertencia de que impedirán por los medios necesarios el llamado golpe de estado blanco, en el que sin disparar una bala se elimina a un Presidente.

Lidice Valenzuela