
Venezuela: Ser ama de casa, como estar fuera de la sociedad


Son amas de casa que demandan al Estado pensión, ayuda económica temporal y permanente y prestaciones sociales, porque "las amas de casa tenemos derecho a salario, a prestaciones sociales, a organizarnos y a formarnos políticamente, somos parte de este país y tenemos derecho a que se nos tome en cuenta", resume Lizardi con voz decidida.
En Venezuela, el trabajo doméstico está reconocido constitucionalmente como un aporte a la economía nacional. El artículo 88 es resultado de la demanda de mujeres organizadas que, en la Constituyente de 1999, lograron incorporar un artículo pequeñito, de cinco renglones apenas.
Con ellos, se ha generado la creación de la Misión Madres del Barrio, programa encargado de hacer operativo dicho artículo; la formación de organizaciones como el sindicato presidido por Lizardi, y propiciado un debate sobre la importancia social del trabajo doméstico, su pago y su socialización.
Históricamente invisible para las economías nacionales y poco o nada reconocido por la sociedad en su conjunto, el inacabable y agotador quehacer de la casa y el cuidado de las y los hijos es también ignorado por sus protagonistas: "no trabajo, soy ama de casa", suelen responder, no sólo en Venezuela.
"Nosotras llegamos a creer que estamos no-haciendo nada", cuenta Lizardi. "Si no genera dinero, si al cabo de un día, la casa está igual de sucia, ser ama de casa es como no ser nada, como vivir mantenida y sin derecho a opinar, porque estar dentro de la casa es como estar fuera de la sociedad".
El Sindicato, que ella contribuyó a formar, asume al Estado como patrón. Él es quien debe responder por los derechos de estas mujeres, afirma la entrevistada.
Y enumera: estamos demandando una pensión para las amas de casa que se dedicaron a ello toda su vida y para las que ya son mayores de 60 años; una ayuda económica temporal para las más jóvenes; acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, a otros empleos remunerados, así como formación política y derecho a organizarnos.
"Lo que estamos pidiendo es que se nos trate como ciudadanas que hacemos un trabajo importante para la sociedad, no estamos pidiendo que nos deje de mantener el marido y que ahora nos mantenga el Estado", remarca.
Sobre las prestaciones sociales, como acceso a la educación y a la salud, Lizardi reconoce que hay un cumplimiento gubernamental, "no sólo para las amas de casa, sino para las mujeres en general".
Hay misiones educativas con las que cualquier persona puede estudiar de manera gratuita: Misión Robinson-primaria para adultos, Misión Ribas-bachillerato, y Misión Sucre-Universidad. En mi experiencia, yo, que era una simple ama de casa, pude volver a la escuela. Retomé el bachillerato y después la universidad. Hoy soy licenciada en administración y estoy sacando mi maestría, menciona con orgullo.
Mientras, desde el gobierno federal la Misión Madres del Barrio, con dos años trabajando con amas de casa que viven en extrema pobreza, está proporcionando una asignación económica temporal a más de 300.000 mujeres de todo el país, beneficiarias tras un censo y un proceso de elección en el que participan los barrios populares en los que viven las mujeres.
De acuerdo con los objetivos de este programa, la asignación económica temporal tiene el fin de reducir su extrema pobreza, así como propiciar su integración al ámbito socio-productivo. Es decir, proporcionar un 'techo económico' que permita a las mujeres estudiar, capacitarse o realizar cualquier otra actividad, además del trabajo doméstico.
Aline Castellanos















































































