
Uribe: un criminal tolerado


Es que los hechos pueden ser acallados por el ruido ensordecedor del aparato mediático del fascismo colombiano (léase gringo), pero no desaparecidos. El show en torno a la "liberación" de Betancourt, los tres gringos y quince soldados no ha podido ocultar la podredumbre del gobierno delincuencial de Colombia.
Ahora resulta que, en medio de la embriaguez producto del 91% de popularidad en las encuestas hechas a su medida, Uribe lanza acusaciones contra Jean-Pierre Gontard y Noel Saez, facilitadores autorizados por Suiza y Francia respectivamente para la colaboración en busca de salidas políticas al conflcto social del país andino.
El cargo por el que son señalados es el de costumbre: colaboración con la insurgencia. Todo respaldado por documentos fabricados desde el Pentágono estadounidense y puestos a circular bajo su conocido sello: "el computador de Raúl Reyes".
Las cancillerías suiza y francesa no han tardado en deslindarse de ambos consejeros desconociendo el carácter oficial de éstos.
Pero la insolencia del paramiltar no se detiene ahí. Ahora sabemos que en el "operativo" de "liberación" de Betancourt y compañía los soldados colombianos se hicieron pasar por personal de la Cruz Roja Internacional.
La versión de Uribe sobre los hechos ha sido francamente ridícula. Dice el narcotraficante con banda presidencial que se trató de un acto aislado: uno de los soldados que participó en el operativo, ante un ataque de pánico producto de ver tanta guerrilla en el lugar, habría colocado en su uniforme la insignia de la Cruz Roja. Uribe pide que se comprenda y disculpe al soldado que así actuó.
Por supuesto, nadie ha creído semejante cuento. Es evidente que el gobierno colombiano incurrió en un crimen de guerra, pues ha violado los preceptos establecidos en los Convenios de Ginebra. En estos acuerdos se enfatiza, entre otras cosas, la prohibición de que las partes contendientes hagan uso de las insignias de la Cruz Roja en el desarrollo de operaciones militares.
Pero al paso que vamos, Uribe es capaz de señalar al Comité Internacional de la Cruz Roja como "colaboradores de la Guerrilla" por no haber avalado su acto de perfidia. Algún archivo del "computador de Raúl Reyes" estará preparado para la ocasión.
Esta es la lógica macabra de un gobierno que da reconocimiento político a los paramilitares (es decir, que proclama su "derecho" a ejercer el terrorismo de Estado como doctrina de gobierno), que persigue y asesina sindicalistas, revolucionarios, disidentes y población ciil en general, ante la mirada cómplice de los gobiernos oligárquicos de América Latina y el mundo.
Esta es la lógica del fascismo. Y bien nos ha enseñado la historia cuáles son las consecuencias cuando, por omisión o complicidad, se permite que la serpiente incube sin sobresaltos el huevo que carga en las entrañas.
Es por eso que la aguerrida resistencia del pueblo colombiano y su insurgencia merece todo nuestro apoyo, sin mezquindades ni cortapisas. Son ellos, los partisanos de nuestros días, quienes entregan su vida por frenar al imperialismo gringo y su engendro en Colombia.
No es sólo un personaje --por más repugnante que nos resulte, ciertamente, Uribe-- a quien está combatiendo la insurgencia colombiana. Esta es una lucha que hace parte de las múltiples expresiones de resistencia que se dan en todo el mundo contra la imposición fascista. Es, sin lugar a dudas, una lucha por la humanidad.
Antonio Falcón



















































































