Lo especial es mi pueblo, no el periodo de tiempo

Imagen de Rosa C. Baez

Recientemente remitíamos a listas de correo algunas anécdotas cosechadas en Cuba sobre los llamados días del "período especial. Hoy hemos encontrado este texto en la página arteamerica.cu, que trata sobre los artilugios creados por los cubanos para adaptar la realidad circundante, con ingeniosidad y espíritu de sobrevivencia...

El "ventilofono", el quinque con sus tubos de pasta de diente y aquellas humaredas horrendas... el muñequito de bebé como claxon en la bicicleta, o el recipiente vacío como aviso de taxi pueden ser para algunos muestra de "la miseria a que condena el tirano"... Para muchos, muchísimos de nosotros, es una muestra mas del coraje de los cubanos y de su firme decisión de responder ¡a cómo sea!, al bloqueo, a las intimidaciones, a la constante amenaza yankee...

¡¡Un pueblo así, tiene derecho a ser feliz!!

La creación popular cubana en los años 90

Las siguientes reflexiones sintetizan el camino recorrido por un conjunto de investigaciones que he venido realizando durante los últimos siete años. Son aproximaciones a un fenómeno que se consolidó, encontrando espacio para su instauración y masificación en la década de los 90, me refiero a la creación popular de objetos, interiores, arquitectura y gráfica.

El objetivo general común a todas los estudios realizados es el de registrar aquellas prácticas recolectoras y productivas, cristalizadas durante el Período Especial y que tienen tendencia a ir desapareciendo en la medida en que las condiciones que lo generaron disminuyan.

Las observaciones se han desarrollado sobre un curso lógico y natural, el objeto, como primer tema de interés me introdujo a la casa para convertirla en tema de estudio, primero por su lado doméstico y privado: el interior y después por su perfil público y urbano: la arquitectura.

Ya en el exterior la gráfica popular y las formas de transmisión de experiencias creativas pasaron a formar parte de los tópicos de interés.

Paralelas a esta línea de investigaciones y como proceso indispensable en la definición de los contornos de cada forma productiva, he desarrollado otros análisis en fenómenos que tienen interés por su grado de especialización (como es el caso de la tríada recuperación, reparación y remozamiento), o interés por su alcance temporal a todo el proceso de la revolución (como la contradicción permanencia - transitoriedad en la cultura material) u otros de interés por su incidencia social (como la comunicación popular y el estudio sobre el arquetipo de confort establecido en la memoria colectiva).

En estos momentos la investigación cuenta con más de 400 registros fotográficos, cientos de objetos recolectados, entrevistas y fichaje de objetos, interiores, obras de arquitectura y otras cosas, difíciles de clasificar en los grupos anteriores. Un 60 % del estudio se concentra en la Ciudad de La Habana y el resto se reparte entre otras 8 provincias y algunos de sus pueblos.

Para definir estas producciones he utilizado el término objetos de la necesidad, diferenciándolas por su esencia de la denominación "diseño u objeto pobre" o de producción kitsch. Este punto de vista también libera a los resultados del sueño de verlos como una alternativa dentro del contexto productivo mundial.

En mi opinión solo serán una alternativa, y bien poderosa, cuando descubramos al hombre a través de ellos, tomando las riendas de sus necesidades, produciendo para él y su familia.

En el mundo de hoy cuesta descubrir que necesitamos realmente entre tantas "ofertas de necesidad" que nos hace el mercado. Nuestros sentidos han sido cubiertos por capas y más capas de ilusiones. Liberarse de estos sedimentos es un paso de avance, aun bajo circunstancias indeseables.

Escogí para hacer un rápido y breve viaje a través de estos campos de producción al tema de la materia prima, ya que a esta la compone nuestra propia realidad material, lo que aporta al resultado un fuerte carácter revelador de nuestra cotidianeidad. De esta forma puedo ofrecerles datos de los resultados y del contexto que los contiene.

Objetos de la necesidad

A simple vista es fácil determinar la procedencia de la materia prima utilizada en la producción de objetos y como las clásicas materias terminadas y semi terminadas han sido relegadas y sustituidas por objetos o partes de ellos que asumirán el rol de materia prima en los nuevos productos. Estas nuevas "materias primas" tienen la capacidad de sugerir sus futuros usos, convirtiéndose en arsenales potenciales de cualidades físicas con una determinada función.

Para enfrentar las penurias la familia cubana ha asumido en las últimas décadas una actitud preventiva que consiste en guardarlo todo, en acumular cosas con cualquier utilidad actual o real. La acumulación se fue erigiendo una práctica, una preparación que se engendró por la desconfianza frente a la inestabilidad del surtido de suministros y por la experiencia ganada en anteriores períodos de crisis.

La acumulación convierte nuestras casas en almacenes de artefactos y materiales diversos que se transformarán inmediatamente en materia prima posible y disponible. Nada será obsoleto, nada será un desecho, entrarán en un mismo círculo un mueble centenario arrinconado por falta de espacio y un encendedor desechable.

De esta forma nuestros hogares se constituyen reservas físicas y además conceptuales, muchas soluciones técnicas se almacenarán inconscientemente para ser descubiertas en el momento justo de dar solución a una necesidad, guiando la inspiración del creador que se apropiará de estos arquetipos técnicos y formales.

Tomemos como ejemplo a algunos de las lámparas de keroseno registradas que en su gran mayoría responden al mismo principio técnico y de uso. Son herederos del viejo quinqué que tiene como base al contenedor de combustible, después un mechero y por último una pantalla que protege la llama.

Para conformar el tanque contenedor servirá cualquier envase accesible y con similares capacidades de contención y sostén, para la pantalla que debe ser transparente y de vidrio encontrarán candidatos en los envases de vidrio con formas en revolución como los de leche y ron, o en tubos de lámparas fluorescentes, de esta forma solo restará por hacer el mechero que además debe servir como enlace de las piezas anteriores.

Con la experiencia ganada aparecerán nuevas soluciones que pueden sorprender en ocasiones, aunque en el fondo respondan al principio antes mencionado.

Para fabricar un objeto el creador tendrá que acomodarse a su realidad material, una cantidad dada e inextensible. Los "objetos materia prima" que tienen una función determinada tendrán que indefinirse. Ellos ya no serán leídos por lo que están en nuestra realidad, sino por lo que pueden devenir, por la cualidad que portan o representan, serán susceptibles de ser útiles en el futuro papel que se les asigne. Devienen en el momento justo de la creación aparentemente multifuncionales.

En la mayoría de los casos, el objeto utilizado será todavía reconocible, aun cuando quede de él una pequeña parte. El objeto fabricado portará entonces el sentido de las historias de los elementos que lo componen, convirtiéndose en una instantánea del contexto, haciendo su propia crónica social y cultural. Ensamblando fragmentos de su realidad el autor hablará también sobre su propio universo personal y su manera de interactuar con él: sus materias y herramientas, sus conocimientos técnicos y culturales.

El estudio de los métodos de interacción con la materia prima es otra vía para comprender cuál fue el camino recorrido por el creador para extraer las cualidades funcionales formales o matéricas, cuales fueron los procesos de ensamblajes realizados, que esquemas se siguieron, el grado de innovación aportado y el conjunto de herramientas utilizadas.

Veamos entonces que cuando no hay alteración de la materia prima habrá entonces refuncionalización como es el caso del envase plástico de refresco utilizado para guardar agua en el refrigerador. Esta práctica rebasa el entorno doméstico y hoy es aplicada por diversas empresas de la industria química que refuncionalizan estos envases para vender productos de aseo personal y limpieza en moneda nacional.

En otros casos la refuncionalización podrá verse como una reactivación de objetos o partes de ellos que han estado largo tiempo en desuso, como es el caso de los mecheros de faroles Eagles que han resistido la fuerza del uso y el tiempo mejor que las otras partes y que ahora se integran a las nuevas lámparas, conviviendo con envases de cerveza y litros de leche picados. Habrá recontextualización cuando un objeto sin que se altere su forma se traslade a otro contexto de uso o sistema de objetos, aprovechando para esto algunas de sus cualidades físicas.

Un ejemplo lo encontramos en el artefacto que servia como salvavidas de un niño en una playa del oriente del país y que estaba formado por dos envases de refresco, cerrados herméticamente y amarrados a sus brazos. O en un "timbre de bicicleta" fabricado con un muñeco de goma fijado al timón de la misma. Al trasladarse los objetos de un contexto de uso a otro llevarán con ellos sus universos semánticos.

Cuando se atribuye a un objeto una nueva función transformando para esto su forma habrá entonces una especie de metamorfosis y que denominamos metafunsiosis. Este método tiene por consecuencia considerar al objeto inicial como una materia bruta con tres cualidades principales: materia, forma y función. Puede encontrarse dentro de objetos complejos compuestos por diversos "objetos materia prima" como las lámparas o dentro de piezas muy simples como es el vaso que se logra cortando una pequeña botella.

Cuando en el objeto resultante se utilizan las tres cualidades de un "objeto materia prima" entonces este acto tenderá a la refuncionalización, y cuando se utilicen solo una de las cualidades entonces tendrá semejanza con la recontextualización o con lo que denominamos invento.

Todos estos métodos anteriores junto a otros no mencionados estarán regidos por una "metodología general de creación" que denominamos la improvisación.

Responder de manera urgente a necesidades súbitamente y provisionalmente insatisfechas a sido la problemática que dio lugar a la producción familiar de objetos y formo su carácter.
Es necesario reemplazar un objeto ausente (fósforos, vasos, antenas de televisión) ó un servicio momentáneamente interrumpido (gas, electricidad, transporte público) por un sustituto que se le aproxime lo más posible. Nos contentaremos al conservar en este sustituto un mínimo vital de un nivel de vida y confort alcanzado antes del período especial.

Estos objetos y soluciones serán "un más o menos", nunca pensados para durar, serán transitorios por esencia: el fruto de una actitud de vida provisional asumida frente a la provisionalidad de las circunstancias sociales e históricas. Conservar su expresión precaria es una prueba de que no queremos que se instalen en nuestras vidas, es una manera de aceptarlos rechazándolos, la provisionalidad de su expresión le permite existir a pesar del contexto que nos recuerda.

Los interiores

El interior popular registrado ha sido el campo de producción que aparenta una menor intervención creativa, si observamos que casi todas las prácticas productivas que lo afectan obedecen por regla general a un acomodamiento del espíritu y al interés por fabricar un entorno más escenográfico que habitable.

Se intentará perseguir incesantemente, en nuestra opinión, un modelo de belleza y confort que ha tenido sus propios deslizamientos, evoluciones y modas en los últimos cuarenta años, me refiero al modelo de hábitat pequeño burgués.

Este fenómeno común a muchos otros pueblos encontrará en Cuba una expresión peculiar, quizás en razón del destierro de hábitos consumistas y del distanciamiento por tanto temporal y mediático de los creadores con relación a este referente.

En este caso la materia prima pasara por el filtro del gusto establecido y se constituirá receptor y canal de lo que denominamos procesos estetizantes. Un muro de una casa de Luyanó parece valorizarse con la adición de un zócalo fabricado con envases para huevos ahora empotrados al repello. Una ratonera de creación popular por este mismo efecto se apropió del prestigio de una marca de cerveza. Un espacio completo en Lawton recibió la aplicación de un solo color de pintura, quizás el único que pudo resolverse.

Unas lámparas racionalistas registradas en una cafetería de un pueblo de Holguín fueron revalorizadas con la adición de un conjunto de formas que la asemejan a grandes flores o aquellas clásicas lámparas arañas. Un grupo de seis bolos plásticos de diferentes colores colocados sobre una lámina de vidrio simularan un bar doméstico de origen norteamericano o una vieja vitrina llegada de Europa.

Para configurar los espacios interiores de manera que respondan a su ideal deseado el creador se apoyará en la decoración que portan los objetos y en su disposición como conjuntos ya esquematizados y generalizados. El uso de estos conjuntos le permitirán prefigurar las diferentes áreas funcionales que se supone tenga un hogar, ocurriendo en muchas ocasiones que en casas de reducidas dimensiones y hasta de una sola pieza se repitan cada una de estas fórmulas establecidas, dejando a un segundo plano las condiciones de habitabilidad mínimas.

Los personales procesos de síntesis y asociación, las impredecibles fuentes de recursos y el desarrollo de una cultura popular donde priman el humor, la improvisación y el absurdo, harán de los espacios interiores, los objetos y la arquitectura zonas de una rica polisemia. Los fragmentos de la ciudad se intercambiaran constantemente reordenando nuestras lecturas y sugiriéndonos siempre nuevas asociaciones y sentidos.

Arquitectura de la necesidad

La arquitectura popular registrada por esta investigación corresponde en su gran mayoría a lo que he definido como arquitectura de intervención, y esto no es más que el resultado de la participación de la familia en la adecuación del espacio que viven a los cambios internos familiares y a la necesidad de compatibilizar la estructura arquitectónica con las posibilidades de mantenimiento, entre otras razones.

Una casa de creación popular no solo reflejará en su fachada los vericuetos de las relaciones familiares, sino que exteriorizara los vínculos laborales de sus habitantes, los valores estéticos que poseen, las vías y desvíos productivos tomados ante las legislaciones que regulan la fabricación y las posibilidades de acceso a los diferentes recursos materiales y tecnológicos.

A lo largo de todo el proceso la obra de base participará en dos momentos definitorios y esto está dado por su dual condición de límite y posibilidad, de marco constreñidor de los crecimientos y cambios familiares primero, y hogar liberador después, al permitir el ejercicio de la intervención.

En este proceso el capital de base será la propia casa, gracias a las medidas tomadas por la revolución para democratizar el acceso a la vivienda, sobre ella se podrán ejercer aquellos cambios que no afecten el entorno urbano. El aumento de múltiples necesidades durante los años noventa generó la violación de las regulaciones y se hizo casi imposible dominar este fenómeno, que se mostró espontáneo y sincero por su relación directa con la necesidad familiar.

Estas intervenciones aún cuando han sido realizadas sobre las más diversas tipologías arquitectónicas, se podrán encontrar con mayor frecuencia en las obras fabricadas durante el período colonial y fundamentalmente las realizadas durante la república hasta 1959. Esto ocurre porque estas tipologías tienen como rasgos recurrentes sus sólidas estructuras, alturas de cuatro y cinco metros de puntal, constante presencia de portales y cubiertas generalmente planas.

Estas características permitirán las más variadas transformaciones, como son las divisiones internas en sus tres ejes, ampliaciones de todo tipo, entre otras muchas modificaciones.

Otra vez la materia prima para producir lo necesario se constituye en nuestra propia realidad material. La misma obra junto a una reducida variedad de recursos materiales componen el stock, sus paredes, decoraciones, columnas y otros elementos se integrarán a la nueva expresión cumpliendo otras funciones. Se sumarán a este repertorio un grupo de elementos extraídos de diversos contextos. Ventanas de un ómnibus acompañan ahora una puerta en la fachada de una casa del barrio de Luyanó.

Tres o cuatro conceptos tipológicos de escaleras (entre los que sobresalen una de caracol y otra prefabricada) permiten el acceso a una vivienda de Lawton que amenaza con seguir creciendo. Planchas troqueladas por la industria y normalmente consideradas como desechos, definen los límites de un jardín de la calle Santa Catalina.

Gráfica

El término objeto de comunicación define en esta investigación a un conjunto de creaciones consolidadas como lenguaje en los inicios de los años 90. Las nuevas leyes establecidas para permitir la existencia de pequeños negocios privados en los sectores de la gastronomía, la producción y venta de artículos de primera necesidad abrió las puertas a una forma de comunicación en función de la promoción.

Si podías vender alimentos en tu propia casa entonces se hacía necesario comunicar tus ofertas. En la esfera de la comunicación Cuba solo había desarrollado aquella con fines culturales, sociales e ideológicos, quedando relegada la comunicación comercial como parte del viejo sistema burgués.

Los primeros pasos en este sentido se comportaron como mensajes directos, sin otra pretensión que la información necesaria (pizzas 5 pesos), posteriormente la competencia, la ubicación topográfica del servicio y la experiencia, hicieron del comerciante cubano un creador visual.

Para conformar sus mensajes estructuró un soporte que se apoya en la arquitectura, en los materiales disponibles y en los códigos de una cultura urbana muy desarrollada en la homogeneidad de sus sentidos y significados. El objeto de comunicación aparece entonces como un mensaje del entorno urbano, que utiliza para sí todas las cualidades connotantes y denotantes del medio. Una caja eléctrica marcada por las huellas de una antigua explosión, será utilizada ahora para formar parte de un lema que anuncia Café Caliente.

Podemos decir que este mensaje ha sido estructurado de manera improvisada e instantánea, quizás nunca se realizó en la mente del creador una asociación consciente y que solo se produce ahora en el acto de percepción de los transeúntes que por allí pasan y deciden tomar un buen café caliente. Otro ejemplo significativo es el uso que hicieron muchas personas de los vidrios de las vitrinas en las zonas comerciales de Centro Habana, para ofrecer y demandar objetos y servicios.

El mensaje se fabricaba con los dedos sobre el polvo de los vidrios y su percepción se apoyaba en la proyección que provocaba la luz solar sobre el piso del establecimiento vacío.

De esta forma la ciudad se convertía en un sistema informativo, intercambiable y transitorio y muy efectivo con relación a lo apremiante de las necesidades. El objeto de comunicación no pretende la permanencia en el tiempo, la provisionalidad de las nuevas leyes y la falta de recursos lo marcan definitivamente.

Una silla que se expresa no por medio de rejuegos formales o inspiraciones poéticas sino por la propia palabra escrita. Una silla que dice "No hagas media" o que promueve el servicio de su creador. Tiene como asiento, el respaldo de otra silla en desuso, que se apoya ahora en una estructura de madera y forma parte del puesto de trabajo y venta de un rellenador de fosforeras.

Durante el uso, el material sintético que cubre el "asiento" sufre roturas y el creador utiliza cintas adhesivas de embalajes para suturar las grietas. Enseguida aparece ante él, nuevos soportes para sus mensajes. Los primeros inspirados en el argot y en la cultura popular del amor los posteriores para promover su marca, su servicio, e informar sobre las regulaciones propias a su oferta.

La silla comunicadora pasa inadvertida para muchos como si fuera normal que una silla diga cosas. Los códigos en los que basa su existencia como objeto de comunicación son propios a todos los cubanos, acostumbrados a vivir en un entorno que se reordena constantemente y que parece haber vivido una revolución diaria por 40 años.

Para concluir es preciso aclarar que muchas de estas producciones están desapareciendo. Por suerte las condiciones económicas que las generaron empiezan a disminuir. Pero por suerte también muchas de estas prácticas han devenido en nuevas formas de producir o en nuevas estructuras de producción, muchos han vuelto al oficio enriquecidos por el "saber hacer". La experiencia ganada en el manejo de los materiales, las tecnologías y sobre todo en el reconocimiento de la necesidad deberá tener sus resultados en los próximos años, al menos sueño con eso.

Ernesto Oroza, Diseñador

Viejoblues, un espacio libre ∆